Merleau Ponty M - Humanismo Y Terror

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"Se discute a menudo el comunismo oponiendo a la mentira o a la astucia el respeto por la verdad, a la violencia el respeto por la ley, a la propaganda el respeto de las conciencias, al realismo político, en fin, los valores liberales. Los comunistas responden que, encubriéndose bajo los principios liberales, la astucia, la violencia, la propaganda, el realismo sin principios constituyen, en las democracias, la esencia de la política exterior o colonial y aun de la política social.


El respeto por la ley o por la libertad sirvió en los Estados Unidos para justificar la represión policial de las huelgas; sirve aún hoy para justificar la represión militar en Indochina o en Palestina y el desenvolvimiento del imperio norteamericano en Medio Oriente. La civilización moral y material de Inglaterra supone la explotación de las colonias.

La pureza de los principios, no solamente tolera sino que, más aún, necesita de las violencias. Hay, pues, una mistificación liberal. Consideradas en la vida y en la historia, lias ideas liberales forman sistema con esas violencias, constituyendo, como decía Marx, su "pundonor espiritualista", el "complemento solemne", la "razón general de consolación y de justificación". El juicio es de peso.

Cuando se niega a juzgar al liberalismo en base a las ideas que éste profesa e inscribe en las Constituciones, cuando exige que se las confronte con las relaciones humanas que el Estado liberal efectivamente establece, Marx no habla solamente en nombre de una filosofía rnaterialista, siempre discutible, sino que da con ello la fórmula para un estudia concreto de las sociedades, fórmula que no puede ser recusada por el espirituaiismo. Sea cual fuere la filosofía que se profese, y aun si es teológica, una sociedad no es el templo de los valores-ídolos que figuran al frente de sus monumentos o en sus textos constitucionales; una sociedad vale lo que valen en ella las relaciones deí nombre con el hombre. 

La cuestión no es solamente saber qué piensan los liberales, sino qué hace en realidad el Estado liberal dentro de sus fronteras y fuera de ellas. La pureza de sus principios no la absuelve; por el contrario, la condena si se comprueba que no existe en la práctica. Para conocer y juzgar una sociedad es preciso llegar hasta su sustancia profunda, al lazo humano del cual está hecha y que depende sin duda de las relaciones jurídicas, pero también de las formas del trabajo, de la manera de amar, de vivir y de morir.

El teólogo pensará que las relaciones humanas tienen una significación religiosa y que pasan por Dios: no podrá, sin embargo, dejar de tomarlas como piedra de toque y, a menos de degradar la religión convirtiéndola en ensueño, se verá obligado a admitir que los principios y la vida interior son coartados cuando dejan de animar lo exterior y la vida cotidiana- Un régimen nominalmente liberal puede ser realmente opresivo.

Un régim.en que asume su violencia podría encerrar un humanismo mayor. Oponer aquí al marxismo un "primero la moral" es ignorarlo en lo que ha sostenido con mayor razón y que constituyó su éxito en el numdo; es continuar la mistificación, pasar de largo junto al problema. Toda discusión seria del comunismo debe jilantear el proWema, pues, como el mismo comimísmo ío hace, es decir, no sobre el terreno de los principios, sino sobre el de las relaciones humanas. No enarbolará los valores liberales para abrumar con ellos al comunismo; buscará saber si éste se encuentra en situación de resolver el problema que ha sabido exponer en sus verdaderos términos, y establecer relaciones humanas entre los hombres."