«No hace tanto tiempo, la tierra tenía dos mil millones de habitantes, o sea quinientos millones de hombres y mil quinientos millones de indígenas. Los primeros disponían del Verbo, los otros lo tomaban prestado. Entre unos y otros, algunos reyezuelos vendidos, algunos señores feudales, una falsa burguesía compuesta de pies a cabeza, servían de intermediarios. En las colonias, la verdad se mostraba al desnudo: las "metrópolis" la preferían vestida; necesitaban que el indígena los amase. Como madres, hasta cierto punto. La minoría selecta europea se dedicó a fabricar un indigenado selecto; se elegía a los adolescentes, se les marcaba en la frente, con el hierro candente, los principios de la cultura occidental, se les metía en la boca mordazas sonoras, grandes palabras pastosas que se pegaban a los dientes; después de una breve permanencia en la Metrópoli, se les devolvía a su país, falsificados. Esas mentiras vivientes no tenían nada que decir a sus hermanos; resonaban; de París, de Londres, de Amsterdam, lanzábamos las palabras ¡Partenón! ¡Fraternidad!, y en algún lugar de Africa, de Asia, los labios se abrían: ". . . tenón . . .
nidad!". Era la edad de oro».

Jean-Paul Sartre, Prólogo a Los condenados de la tierra, de Franz Fanon.


Fuente:http://nuevobahia.blogspot.com/


"Lo más lindo del fútbol es jugar, por eso si coincidía un partido de Central con uno del campeonato mío, yo iba a jugar." Roberto Fontanarrosa.


El jueves cuando volvì del laburo encendì la tv y haciendo zapping lo vì al negro por crònica...pasaron unos segundos hasta que preste atenciòn lo que decìa el pie de la pantalla: "muriò Fontanarrosa". Incomprensible, no le dì dimensiòn, recièn ahora me estan empezando a caer las fichas.


Un tipo con el que creo que todos los que somos parte de Bahìa sentimos que tenemos algo en comùn -sin haberlo conocido personalemente-, y algo que ocupa un lugar muy grande en nuestras vidas: la manera de sentir y por sobre todo vivir el fùtbol...

Como rosarinos (por nacimiento o adopciòn) y futbolistas amateurs tantos lugares comunes del negro: la cancha de central, la canchita de la fe, la liga 25 de mayo, el interno de Provincial...


El fùtbol es nuestra vida, y el negro en una entrevista lo hizo palabras, dijo que si tendrìa que ponerle mùsica de fondo a su vida serìa entonces un relato de un partido de fùtbol.

"¿Un gol tuyo?
Todo jugador amateur tiene su golazo épico. Y, uno en la Liga 25 de Mayo. Ibamos perdiendo dos a uno contra Viejo Palermo, un equipo de Saladillo, y agarré una pelota de volea. Fue sobre la hora y gracias a ese gol empatamos un partido muy decisivo. " http://www.clarin.com/diario/2006/04/16/sociedad/s-01178315.htm


"El picadito"


"Me hubiera gustado ser jugador". Y a sus jóvenes 58 años el Negro conserva su pinta de muchacho de barrio, enfundado en sus infaltables vaqueros con remera y zapatillas de lona, hace una exquisita apología del nostálgico picado: "El fútbol amateur es el 95 por ciento. Yo conocí tipos que jugaban en la Liga 25 de Mayo y se cruzaban toda la ciudad un domingo a las 8 de la mañana en pleno invierno, en una moto de mierda. Yo soy un desvergonzado porque todavía sigo jugando, pero me hace muy bien porque es una descarga muy real. Jugués mal o bien no pensás en otra cosa. Cuando me operaron de la cadera salía a andar en bici, pero no te baldea la azotea".
http://www.diariolacapital.com/2003/10/19/ovacion/noticia_45739.shtml

-Y jugando, ¿cómo eras?
-Nooo, siempre fui del montón. Jugué en torneos comerciales y en el torneo interno del club Provincial, que en Rosario es famoso. Normalmente era volante por derecha, con más orden e inteligencia que otra cosa, y en un nivel muy mediocre. Lo que pasa es que se juega muy bien al fútbol en la Argentina. Acá, el que llega a Primera es porque algo tiene. Y en cualquiera de esos campeonatos amateurs, donde por ahí uno se preguntaba "y éste cómo no llegó", también será porque le faltó algo. Yo nunca me destaqué. Eso sí: era de fierro. Y todavía juego, o trato de hacerlo, pero de manera recreativa. Lo más lindo del fútbol es jugar, por eso si coincidía un partido de Central con uno del campeonato mío, yo iba a jugar. Hoy, por suerte, así como perdí velocidad y fuerza, paralelamente perdí el amor propio. Entonces, cuando algún chico me pasa, me resigno: ma´ sí, que se vaya, no me caliento. Ir a jugar y a reirme un rato con los amigos es una descarga. Es cierto que para hacer ejercicio podés salir a andar en bicicleta, pero mientras pedaleás seguís pensando en los quilombos de todo el día, mientras que en el fútbol, por más que sea un picadito, tenés que concentrarte en el juego. http://agremiados.com.ar/faa_notas_fontanarrosa.htm



Quizàs las preguntas a plantear deben ser otras, al menos para intentar descubrir què hacemos para llegar a determinadas respuestas: mayor igualdad, justicia social, democracia, dignidad...

¿La cuestiòn solo pasarà por los "votantes" que no piensan o son directamente pelotudos?. ¿La "gente" en determinadas circunstancias històricas no fue tan pelotuda o pensò un poco màs por una cuestiòn de magia, o de iluminaciòn mistica o de genètica?.

¿Las preguntas pelotudas nos llevaran a analisìs de la realidad francamente pelotudos?

Punto.


"La democracia en las sociedades industriales" (Noam Chomsky)

"Es únicamente cuestión de tiempo que la cultura de la clase trabajadora independiente se deteriore, juntamente con las instituciones y organizaciones que la sostienen, dada la distribución de los recursos y del poder. Y una vez debilitadas o eliminadas las organizaciones populares, los individuos aislados no pueden participar en el sistema político de forma significativa. Con el tiempo, este se convertirá, en gran parte, en un elemento simbólico o, como máximo, en un dispositivo mediante el cual el público pueda seleccionar entre los grupos de elite que compiten y ratificar sus decisiones, desempeñando el papel que les ha sido asignado por teóricos demócratas progresistas al estilo de Walter Lippmann.(30)"


"...En su análisis de la marcha atrás en el Japón, John Roberts sostiene que «la rehabilitación norteamericana de las economías monopolistas de Alemania Occidental y el Japón (en gran parte bajo el mismo liderazgo de antes de la guerra) fue una causa, no una consecuencia, de la guerra fría. Su rehabilitación fue, sin duda, una parte vital de la estrategia del capitalismo norteamericano en su venganza total contra el comunismo» – lo cual significa, en primer lugar, un importante ataque contra la participación de las «clases populares» en el proceso de toma de decisiones. Centrándose en Europa, Melvyn Leffer observa que la actitud ante la recuperación europea impulsó a los funcionarios norteamericanos a actuar

con el fin de proteger mercados, materias primas y los beneficios de la inversión en el Tercer Mundo. El nacionalismo revolucionario debía ser frustrado fuera de Europa, del mismo modo que la lucha contra el comunismo autóctono debía librarse dentro de Europa. En esta tentativa interconectada de controlar las fuerzas de la izquierda y el poder potencial del Kremlin reside gran parte de la historia, estrategia y geopolítica internacional del período de la guerra fría.(29)

Estas son notas decisivas en toda la era moderna, y siguen siéndolo.

A lo largo del proceso de reconstrucción de las sociedades industriales, la primera preocupación fue la de establecer un orden capitalista estatal bajo las elites conservadoras tradicionales, dentro del marco global del poder de los Estados Unidos, que garantizaría la capacidad de explotar las diversas regiones que habían de cumplir la función de mercado y fuente de materias primas. Si estos objetivos se alcanzaran, el sistema sería estable y resistente al temido cambio social, que sería, naturalmente, destructivo una vez el sistema estuviera funcionando de forma relativamente ordenada. En los ricos centros industriales, amplios segmentos de la población se adaptarían y serían empujados a abandonar toda visión más radical bajo un análisis racional de costes y beneficios.

Una vez su estructura institucional esté en pie, la democracia capitalista funcionará sólo si todos subordinan sus intereses a las necesidades de aquellos que controlan las decisiones relativas a la inversión, desde el club de campo a la cocina. Es únicamente cuestión de tiempo que la cultura de la clase trabajadora independiente se deteriore, juntamente con las instituciones y organizaciones que la sostienen, dada la distribución de los recursos y del poder. Y una vez debilitadas o eliminadas las organizaciones populares, los individuos aislados no pueden participar en el sistema político de forma significativa. Con el tiempo, este se convertirá, en gran parte, en un elemento simbólico o, como máximo, en un dispositivo mediante el cual el público pueda seleccionar entre los grupos de elite que compiten y ratificar sus decisiones, desempeñando el papel que les ha sido asignado por teóricos demócratas progresistas al estilo de Walter Lippmann.(30) Este era un supuesto plausible en el primer período de la posguerra y, hasta ahora, ha demostrado ser en gran medida exacto, a pesar de las muchas desavenencias, tensiones y conflictos.

Las elites europeas tienen interés en la preservación de su sistema y no temen menos a sus poblaciones internas de lo que las temieron las autoridades de los Estados Unidos. De ahí su compromiso con la confrontación de la guerra fría, que resultó ser una técnica efectiva de gestión social interna, y su disposición, con ocasionales murmullos de descontento, a apoyar las cruzadas globales de los Estados Unidos. El sistema es opresor y a menudo brutal, pero ello no constituye ningún problema siempre y cuando las víctimas sean los demás. También suscita constantes amenazas de catástrofe a gran escala, pero éstas tampoco cuentan en las decisiones de planificación determinadas por la meta de la maximización de la ventaja a corto plazo, que sigue siendo el principio operativo."

Fuente: La Democracia en las sociedades industriales - Noam Chomsky